Este noviembre, llega a las librerías “Elizalde, la fábrica de Barcelona”, obra del periodista e historiador Manuel Garriga y editado por la Fundación Elizalde, y en AutoRetro acogeremos su presentación oficial. En la conferencia, el autor explicará algunos de los interrogantes que todavía rodean a la marca y la Fundación exhibirá en su stand el único coche Elizalde existente en estado de marcha, junto con diversos motores aeronáuticos.

La carrera de Elizalde en el sector de la automoción abarca unos cuarenta años en la primera mitad del siglo XX -aunque sólo fabricó vehículos desde 1914 hasta 1927, quince modelos de serie y diversos de carreras- y es un poco más larga en el aeronáutico. Desde mediados de los años 20 la firma sería más conocida por sus propulsores de aviación (el primero data de 1917), permaneciendo activa en este ámbito hasta su absorción por parte de CASA en 1973.

De la fábrica catalana salieron motores esenciales para nuestra historia, como los multicilíndricos en estrella Dragón, Beta y Sirio, éste destinado al bimotor Alcotán 201 de CASA. Los Breguet XIX construidos por CASA en los años 20 en Cuatro Vientos, así como varios hidroaviones Dornier Wal montados en Cádiz, llevaron motores Lorraine hechos bajo licencia por Elizalde en Barcelona.

Si la producción automovilística fue reducida en cantidad también resultó sobresaliente en calidad. Los coches Elizalde eran realmente avanzados para su tiempo, con soluciones técnicas vanguardistas como el uso de bronce en las culatas, suspensiones tipo cantilever o frenos en el eje posterior, y una calidad de construcción poco común. En 1919 Alfonso XIII, muy entendido en la materia, adquirió un Elizalde Tipo Reina Victoria Eugenia para su uso personal. En 1921 la firma presentó en el Salón de París  el Tipo 48, con motor de 8 cilindros, 8,2 litros y 180 CV, un coche impresionante que podría haber inspirado a Ettore Bugatti la creación del Royale, cinco años después.

A nivel deportivo, la marca tuvo un papel relevante en las competiciones españolas del periodo 1915-1925, con sonadas victorias en carreras como la Vuelta a Catalunya, el Trofeo Armangué y la Subida a la Rabassada. Sin embargo, Elizalde se vio muy castigada por la I Guerra Mundial y la civil, durante la cual fue colectivizada, y hubo de diversificarse fabricando no sólo vehículos, motores  y componentes sino también gran variedad de máquinas-herramienta, armamento y munición. En 1927 la firma había tenido que afrontar a repentina muerte del fundador Arturo Elizalde Rouvier, un duro golpe que sólo la fuerte personalidad de su viuda, Carmen Biada, permitió remontar.

Tampoco cabe obviar que tuvo enfrente a un duro rival, la marca española de mayor reputación mundial: Hispano-Suiza; fue su particular némesis, en especial para Carme Biada, que mantuvo una fuerte enfrentamiento con Damià Mateu, quien al parecer no llegaba a tomarse en serio que una mujer pudiera dirigir una empresa como aquella…

Elizalde desempeña un papel clave en la tradición industrial barcelonesa. Situada en el popular barrio de Gràcia, da empleo a buen número de sus habitantes. Trabajar en ella comporta ventajas laborales entonces poco frecuentes. “En aquel tiempo la factoría del paseo de San Juan se había convertido en una de las más modernas y bien equipadas de Europa. Las naves se alternaban con amplias calles interiores y jardines, grandes espacios al aire libre que daban una imagen de bienestar y de consideración a los ochocientos trabajadores de la plantilla”, relatan las crónicas de la época.

Allí se forjaron “verdaderos artistas en todas las ramas de la metalúrgia, fruto de una formación y preparación, que empieza en la escuela de aprendices, motivo de orgullo durante más de 50 promociones para la industria catalana”. En efecto, de la célebre Escuela de Aprendices Elizalde salieron buena parte de los cuadros técnicos y directivos que pilotarían el despegue industrial del país durante los años 50, 60 y 70.

Desde la perspectiva histórica, Elizalde fue una empresa moderna, bien organizada, que construía productos de calidad y no descuidaba su dimensión social. La otra cara de la moneda fue la sucesión de factores desfavorables que debió afrontar: topó con el fin de la I Guerra Mundial cuando tenía a punto su motor aeronáutico y el subsiguiente dumping lo hizo inviable, y soportó una legislación favorable al vehículo importado en detrimento del de fabricación nacional. Colectivizada durante la Guerra Civil, funcionó después de forma independiente hasta su nacionalización en 1951 por parte del INI, bajo cuya férula languidecería disociándose finalmente la actividad aeronáutica de la automotriz, y pasando la fábrica barcelonesa a Mercedes-Benz España.

Elizalde es asimismo una extensa familia que, a su vez, se erige en elemento social de primer orden por su imbricación con la burguesía local, la industria, el comercio y el deporte. De ella nace en 1985 la Fundación Elizalde, creada para preservar la memoria de la marca. La Casa Elizalde de la calle Valencia, antiguo domicilio familiar, representa su dimensión pública, hoy integrada en la ciudad como centro cívico.

Queda patente que la trascendencia de Elizalde va más allá de la de una simple fábrica; su recuerdo ha pasado al imaginario popular barcelonés, incluidas leyendas que este libro trata, en la medida de lo posible, de desentrañar. Como ejemplo, dos frases grabadas en la memoria ciudadana: “Más rápido que el expreso”, acuñada en 1914 cuando el primer automóvil construido por Arturo Elizalde y sus cuñados Biada superó la velocidad del tren en su viaje de Barcelona a Madrid. Y “Elizalde, Elizalde no te quiero ni de balde”, fácil ripio de un divertido cuplé satírico sobre el modelo popular de la marca, que quizá no funcionara tan bien como ésta hubiera deseado…

En cualquier caso, la importancia de Elizalde es significativa por su trayectoria histórica, por su profunda labor social y formativa, y por su notable implicación en el desarrollo de la industria nacional. Motivos suficientes para pensar que su nombre todavía será recordado durante mucho tiempo.”

©Imágenes cedidas

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